Y entre esas reformas, están aquellas que se encontraban dirigidas a reconocer la dignidad de la mujer, con progresos en todos los campos, algunos de ellos pendientes de igualar hoy.
Así la II república abrió el camino a las reformas legislativas que proclamaron la igualdad de sexo, el reconocimiento de igualdad de derechos a hijos legítimos e ilegítimos. Se aprobó el matrimonio civil, el divorcio, el aborto, modificando la vida personal y familiar de muchas mujeres.
También se crearon centros de atención a prostitutas, que ofrecían alojamiento y enseñaban un oficio. Se luchó contra los partos en las fábricas. Se realizó una gran labor educativa destinada a evitar las enfermedades venéreas. Se impartieron cursos de educación sexual y maternidad consciente. Se batalló por la formación cultural de la mujer y se implantó el sufragio universal.
Pero como todos sabemos, todas aquellas reformas, como otras, fueron cortadas de raíz tras el levantamiento militar fascista que culminó con la implantación de la cruel dictadura franquista. Se acusó a la mujeres republicanas de querer destruir el “hogar cristiano” y de crímenes falsos, siendo sometidas a todo tipo de humillaciones, ingresos en prisiones religiosas, secuestro y reeducación de sus hijos, torturas y fusilamientos, y la vuelta a una legalidad en que la mujer seguiría sometida al marido para todo tipo de decisiones.
Pero nosotros no volvemos la mirada hacia el pasado de la II República por nostalgia, ni porque pensemos que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni tampoco porque pretendamos imitar lo ya acontecido, sino porque solo recuperando la memoria podemos valorar bien el progreso histórico. Comprender que la historia se hace con avances y retrocesos. Y que cualquier paso adelante en la libertad, en este caso de la mujer, por pequeño y breve que sea, y por mucho que se esfuercen en aplastarlo, termina germinando en las siguientes generaciones y haciendo de semilla para el futuro.
Las reformas y el impulso de la II republica siguen hoy latentes. Sigue siendo necesarios cambiar muchas cuestiones ahora, realizar profundas reformas para avanzar en la igualdad de la mujer:
- Son necesarios pasos reales y efectivos destinados a que desaparezcan las desigualdades laborales y salariales.
- Que se dediquen inversiones destinadas a crear una red de guarderías públicas suficientes.
- Que se modifique el actual fondo de pensiones para que también las mujeres tengan acceso con dignidad a este recurso.
- Que se derogue la ley de extranjería, que está sometiendo a las mujeres a una doble discriminación ya que muchas dependen del marido para tener permisos.
- Que la justicia acabe con la impunidad de los agresores contra las mujeres.
- Que se desista en hacer recaer sobre la mujer el rol de cuidadora como se pretende a través de la ley de dependencia, poniendo los recursos públicos a disposición de personal especializado.
Hay mucho pendiente de reformar. Sin embargo algunos políticos del régimen actual se proponen abordar la reforma de la constitución de 1978 para que pueda haber reina.
Y nosotros les decimos que no nos molesta para nada que las infantas sean discriminadas en el acceso al reinado, porque lo perjudicial es la propia esencia de la monarquía, institución acrónica y discriminatoria, que permite heredar por sangre la jefatura del estado, máximo exponente de la desigualdad e impropio del siglo XXI.
No hace falta reina ni rey. Que se ahorren esa reforma y emprendan las que de verdad necesitan las mujeres.
Hoy, en este aniversario queremos rendir homenaje a la república, a todos aquellos que cayeron defendiéndola y a todas las mujeres republicanas que se han sacrificado por ella.
¡Viva la república!
¡Viva la tercera república! |