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Artículo 2.-
La existencia de esta Asociación tiene como fines: LA DEFENSA DE LOS VALORES REPUBLICANOS Y LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA.

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Del 19 al 28 de julio de 1936:nueve días de resistencia obrera y popular que desbarataron los planes de Mola.(Juan Ramón Garai)

Mientras Nafarroa y Araba eran ocupadas los primeros días por los golpistas, los rebeldes no pudieron cumplir los planes que habían previsto para la ocupación de Gipuzkoa. Meses antes, ya habían planeado el apoyo de los Regimientos de Artillería Pesada nº 3 y el Batallón de Ingenieros nº6 que ocupaban los cuarteles de Loiola, así como la participación de voluntarios civiles: más de un millar de requetes y algunas decenas de falangistas. El General de División Mario Muslera, asistido por el Teniente Coronel, Eduardo Baselga y el Comandante Militar de la plaza León Carrasco Amilibia, eran los que debían dirigir este movimiento.

Entrada la noche del día 18 de julio y tras una entrevista con Mola en Iruña, algunos militares regresan a los cuarteles de Loiola portando una orden, según la cual, al día siguiente y a las 9 de la mañana, -19 de julio-, debía iniciarse la sublevación en Donostia, con la colaboración del Requeté y de la Falange.

Ese 19 de julio, los militares no declararon el estado de guerra en el momento dispuesto por Mola, perdiendo por parte de los golpistas las mejores horas para actuar.

Los requetés se habían organizado en cuatro unidades, cuyas jefaturas radicaban en San Sebastián, Tolosa, Azpeitia y Oñati. Los carlistas de Azpeitia y Oñati, recibieron la orden de concentrarse el día 19 sobre el santuario de Loiola. Los requetés de San Sebastián, concentrados desde el 18 de julio en los Carmelitas, se trasladaron a los Cuarteles de Loiola a las seis de la mañana del día 19. A las tres de la tarde les mandaron retirarse. Al comprobar que fallaban los militares, unos y otros pasaron a Nafarroa y Araba.

Los 33 falangistas comprometidos en San Sebastián, permanecieron concentrados en diferentes lugares de la ciudad durante el 18 de julio, esperando órdenes que no fueron cursadas.

En las vacilaciones de los sublevados influyeron varios factores:

El que desde el primer momento del alzamiento rebelde, los partidos políticos de izquierda: Partido Socialista, Partido Comunista, Juventudes Socialistas Unificadas, Izquierda Republicana, Unión Republicana, Ezquerra Vasca Federal y Acción Nacionalista Vasca y los sindicatos, UGT y CNT se unieran en torno al “Estado Mayor Popular” con toda su militancia, permitió la defensa y posterior reconquista de la ciudad. Los miles de milicianos voluntarios, en los que la experiencia en tácticas militares brillaba por su ausencia, contaron con el apoyo desde el primer momento de militares como el Comandante Perez Garmendía. La experiencia en el uso de las armas ya era más importante. La insurrección de octubre de 1934, cercana en el tiempo, es la que les valió más en aquellos primeros momentos. Eibar, Arrasate, Hernani, Aretxabaleta, Donostia, Herrera, Pasajes, Tolosa... fueron poblaciones donde los obreros –mayoritariamente de la UGT- con las armas en la mano, habían luchado contra los militares por una República Social.

La declaración el día 19 de julio, de la Huelga General inmediata, paraliza todo Gipuzkoa. La constitución de Comités de Defensa en los pueblos del herrialde, que sustituyen a los ayuntamientos, con participación de representantes de todas las organizaciones políticas y sindicatos, en algunos de los cuales participa el PNV y SOV, tiene como primera tarea armarse. No queda ni una fábrica, armería, caserío o casa, donde existe un arma sin ser requisada. También en estos primeros días, se utilizaron contra los militares golpistas los cartuchos de dinamita y los “cócteles Molotov”.

Durante los días que van desde el 19 al 28 de julio, son únicamente estas fuerzas de izquierda las que se movilizan haciendo frente a los rebeldes. La autoridad republicana había pasado a mano de dichas fuerzas.

Algunos militantes del PNV y el SOV, participaron en Gipuzkoa en estos momentos haciendo frente a los rebeldes junto a las milicias de izquierda, únicamente a nivel personal. No es sino hasta el día 29 de julio, -el día anterior se habían rendido los cuarteles de Loiola-, en el que Gipuzkoako Mendigoizale Batza, pedía en el periódico Frente Popular que se alistasen sus fuerzas. Unos días más tarde, se comunica por el mismo medio que se habían fundado las Milicias Vascas, su lema Dios y Libertad Patria.

El papel que jugaron los Diputados de las Cortes por este partido, Irujo y Lasarte, que pese a las vacilaciones de su partido, por su cuenta, se dirigieron por radio el día 18 de julio a la población de San Sebastián tomando postura por la defensa de la República, tendría también su efecto en los militares, que no esperaban que este partido tomase postura por la defensa de la legalidad republicana.

La actitud de algunos mandos de la Guardia Civil tampoco fue favorable a los sublevados: El Teniente Coronel Saturnino Bengoa Muruzabal, el Comandante Mauricio García Escurra, El Capitán Alejo Beñaran Garich de Eibar, El Capitán Antonio Bolaño Rodríguez, el Alférez Miguel Escoin de Bergara... entre otros, actuaron desde el primer momento en contra de los rebeldes, hecho que permitió, que un número de guardias civiles participaran contra los sublevados.

Manuel Chiapuso en su libro Los anarquistas y la Guerra en Euskadi, La Comuna de San Sebastián cuenta como se tomó el Gran Casino y la participación de la guardia civil: “... otro efecto desmoralizador, para ellos, fue al ver entre los nuestros algunos guardias civiles, fieles a la república atacándoles. La gran verja de hierro protegía bien el edificio con gran desesperación nuestra. Fueron esos guardias civiles, justamente , quienes animaron la toma del Gran Casino, al mando del comandante de la guardia civil, Escurra. Eran pocos numerosos pero de calidad. Daban un ejemplo de valor y serenidad. Sabían desplazarse bajo las balas enemigas, saltando de tronco en tronco para acercarse cada vez más”.

Un sector de los Carabineros, Guardias de Asalto y Miqueletes también se unieron al Frente Popular.

Pedro Barruso en su libro La guerra civil en Gipuzkoa Verano y Revolución dice: “A modo de conclusión se puede afirmar que la indecisión de la capital hace fracasar el Alzamiento en Gipuzkoa. Pese a que los cálculos de Mola no eran del todo exactos, con una actitud decidida en la capital -secundada en las principales localidades por los tradicionalistas-, gran parte de Gipuzkoa hubiera podido quedar en manos de los sublevados desde los primeros momentos del conflicto, evitando una dura y sangrienta campaña que se extenderá hasta principios de octubre”

El 21 de julio, con la columna de milicianos camino de Gazteiz, los militares publican por radio el Bando de Guerra y emprenden una marcha desde los cuarteles hasta las puertas de la ciudad, pero como era de noche regresan al cuartel. El 22 de julio al amanecer, sale otra columna de militares que penetra por la calle Larramendi donde les frenan los militantes de la CNT. Cuando la situación de los defensores era más apurada, es cuando llega la columna de milicianos, -reforzada en personas y en armas-, que habían dado la vuelta desde Mondragón, lo que obliga a los militares a replegarse al Casino, al Hotel Maria Cristina, La Equitativa,y La Comandancia Militar, los cuales son conquistados el día 23 de julio. A partir de ese momento se pone asedio a los Cuarteles de Loiola.

Pese a que los golpistas ya han ocupado Oiartzun y quieren acudir en ayuda a los alzados, éstos no pasan de Rentería. El asedio hace su efecto en la moral de los militares y el día 28 por la mañana se rinden a los milicianos.

Tatxo Amilibia -en aquellos momentos secretario del Partido Socialista donostiarra- escribía: “¡Con qué satisfacción respiramos!. Estábamos ya sin municiones con las tropas navarras a cinco kilómetros de los cuarteles, y, en aquella misma mañana, mientras los diputados celebraban su entrevista, habían matado en el frente de Oiartzun al comandante Pérez Garmendia, el pundonoroso militar que mandaba nuestras fuerzas, cuyo tesón y energía jamás olvidaremos los guipuzcoanos.”

Miguel Amilibia en su libro Los Batallones de Euskadi decía: “fue uno de los episodios más impresionantes de la lucha en el País Vasco. Fue la reconquista de la ciudad por nuestros milicianos, por nuestros gudaris, gudaris de izquierda, porque eran gudaris socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos; el gudari nacionalista todavía no actuaba, no porque se sintiera ajeno a la causa, sino, simplemente porque el dirigente jelkide se mantenía a la expectativa.”

Juan Ramón Garai, Intxorta 1937 Kultur Taldea.

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