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Artículo 2.-
La existencia de esta Asociación tiene como fines: LA DEFENSA DE LOS VALORES REPUBLICANOS Y LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA.

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Relato ganador. (12 a 16 años). Autora: Andrea Tomé Yanez

Cartel del concurso literario

Fotos y videos de la entrega de premios

14 DE ABRIL

Guardé mis libros en la mochila apresuradamente y me puse los cascos de mi viejo mp4. “¿Por qué no lo cambias Andrea? ¿Por qué no te compras un Ipod?”, me preguntaba siempre mi madre, ¡Como si ella lo supiera! Como si tuviera algo de idea del día que llevo hoy, con un calor sofocante y, para más inri, haciendo un examen sobre los Borbones el día de la conmemoración del aniversario del comienzo de la II República española. Suspendería, estaba claro, sobre los Borbones no tenía respuestas, más bien preguntas: ¿Quién le había votado? ¿Cuánto cobra? ¿Por que va  vestido de militar? ¿No somos todos iguales?. Suspiré mientras escuchaba la canción de Canallas: “Si los reyes de España supieran lo poquito que van a durar, a la calle saldrían gritando ¡Libertad, libertad, libertad!”.

Crucé la carretera que llevaba a la parada del autobús abrazando entre mis manos un libro de fotos de la república y la guerra civil que había cogido de préstamo en la biblioteca de la ciudad. Ferrol. Con el “grandísimo honor” de ser la ciudad que vio nacer a Franco.

-El general generalísimo- me sorprendí murmurando ensimismada. En Ferrol apenas si se festejaba. Como si no hubiese pasado nada. Tal vez hubiese una huelga, con suerte. Demasiada suerte.

Me senté en la parada, pegada al cristal había una pegatina con la bandera tricolor, tan desteñida que el rojo se había vuelto naranja, el amarillo un tono pálido cercano al blanco y el malva, rosa. Recordaba esas pegatinas. Recordaba que antes había un montón pegadas en las paredes de la plaza y mi amigo Dani les había escupido. Me enfadara mucho con él ese día. Pero es un influenciable, una charla de nuestro profesor de lengua y ya decía de la inutilidad de los reyes. Patético. Yo, en cambio, aunque nadie me toma en serio debido a mis escasos quince, llevo creyendo en los ideales republicanos desde que tenía trece años. Todo ello gracias a mi amiga Laura, alias Lör, que hoy por hoy tiene diecisiete.

Junto a la famosa pegatina, una que hizo que mi sangre hirviera, con un dibujo de una bombilla y la leyenda “La nueva idea de Europa”, propaganda de la falange. Irónico que se encuentre justo al lado de una de “¡Tercera república ya!”. Decidí sentarme y abrí mi libro por una página cualquiera. Las miradas de un montón de personas me atravesaron. Republicanos, Probablemente tuvieran que exiliarse. En el centro de la fotografía en blanco y negro estaba un señor de bigote, a sus pies, muchos niños pequeños. Tras el hombre de traje, puede que escritores, gente inteligente. Y a su izquierda una joven de más o menos mi edad. Media melena negra y ondulada, como la mía, ojos oscuros, como los míos, y una expresión de serenidad y sabiduría que un millar de veces me gustaría conseguir. Huiría, lo dejaría todo atrás, no podría llevar nada con ella. Me mordí el labio inferior, si hoy en día hubiera una guerra y tuviera que exiliarme, no sabría qué llevarme conmigo, no porque tenga muchas cosas y no pueda elegir entre todas ellas, sino porque no tengo ningún objeto que me recuerde tan fuertemente la felicidad como para querer llevármelo. ¿Qué debería llevar? ¿Una foto? ¿Un libro? ¿Un diario con el fin de anotar mi día a día? No lo sé, y tal vez no lo sepa nunca. Al principio, inocente de mí, pensé en mi memoria USB, que podría guardar todas las fotos, libros y recuerdos que quisiera preservar, y que aun encima me ocuparía poco espacio. Rápidamente deseché dicha idea, no me era lo suficientemente querido. Luego mi mente fue a por mi viejo ejemplar de “La madre” de Máximo Gorki, mi libro predilecto. Pero, ¿Realmente sería aquello tan amado por mí? ¿Lo suficiente como para pasar a ser lo único que me llevaría?

Pensé en mi abuelo, el inmortal comunista, el único de mi familia con el que más o menos comparto algo de mi ideología política. Me gusta su punto de vista, y me gustan nuestros debates políticos a la hora de la comida. Él se levaría su moneda. La redonda moneda de plata con el busto de Lenin. No lo dudaría ni un momento.

Mi madre, fiel votante del PP y con la que siempre tengo alguna disputa, sin duda llevaría una foto del actor Johnny Depp, que como si fuera una adolescente, la vuelve literalmente loca.

Y mi abuela, mi apolítica abuela, se llevaría un televisor de bolsillo, a ella que tanto le gusta y el cine y tanto sabe de él.

¿Y yo? ¿Qué haría yo? ¿Qué llevaría?

¡Pues claro! No era cuestión de qué llevaría conmigo, sino de quién. Un camarada, el mejor, esa persona que me quiere y comprende. A ella es a quien querría llevar conmigo al fin del mundo si hiciese falta.

Sonreí, y mientra miraba la medio despegada ya pegatina, pensé que para mi la bandera tricolor ondeaba más fuerte, grande y brillante que nunca.

Nynfe

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